Islandia

UNA TIERRA DE FÁBULA

agosto 22, 2016.Pau Ferrer.5 Likes.0 Comments

Contaba a menudo Jorge Luis Borges que los islandeses fueron, con sus famosas sagas medievales, los primeros novelistas de la historia. Probablemente, el sabio argentino tuviera razón. ¿Y por qué los islandeses fueron ese pueblo elegido, entre los heridos por las letras? A lo mejor tuvo la culpa el chachachá del Ártico y las duras epopeyas que debieron sufrier sus primeros pobladores. Ya se sabe aquello de que la realidad siempre supera la ficción, y colonizar la isla de Islandia durante la Edad Media no debió ser fácil.

Tal vez influyeron las bajas temperaturas. Seguramente la falta de luz invernal debió estimular a los primeros islandeses a refugiarse en el arte de la escritura, mientras pasaban así las horas y contemplaban una naturaleza de cuento. Ahí está la fantasía del volcán Hekla, cuyas frecuentes erupciones hicieron pensar a más de uno que allí se encontraba la verdadera entrada al infierno. También la leyenda del volcán Snaefellsjökull –a modo de Fujiyama polar- donde incluso Julio Verne llegó a situar el inicio de su famoso Viaje al centro de la Tierra. Islandia sería así un país de una belleza, digamos que, de libro.

 

FUEGO, AGUA, HIELO ¿QUÉ VER EN ISLANDIA? 

Cualquier recorrido por la isla debe seguir el “Ring Road”, la única carretera que hay y que, como su nombre indica, rodea toda Islandia. Desde allí se puede contemplar un paisaje donde el fuego, el hielo y la naturaleza han forjado un lugar sin igual. Otra de las sorpresas del país es que aquí no hay árboles y los horizontes no tienen límite. Quizás a causa de las enormes extensiones de unos glaciares que ocupan una parte importante de la isla. Ahí está el glaciar  Vatnajökull  que se extiende hasta el mar, y lanza directamente al Atlántico Norte su gran cantidad de icebergs.

Hay montañas, claro, y de tierra firme, que en algunos casos son excepcionales chimeneas que expulsan las entrañas de la Tierra, exponente del origen volcánico de Islandia. El agua es otro de los encantos de esta isla. Cascadas como las de Gullfoss, Seljaland y Svastifoos son espectáculos que jamás deben perderse. Como el padre de todos los géiseres del Planeta, el elevado copete de agua caliente llamado Geysir que sorprende a los curiosos cuando en su garganta se vierte jabón en polvo.

Otro de  los grandes atractivos es el lago Myvatn. Su fondo marca la auténtica frontera que separa Europa y América, pues es allí donde se encuentran las plataformas terrestres de ambos continentes, y constituye el lugar exacto que explica el porqué de esta isla: un choque geológico entre placas continentales.

 

¿CUÁNDO ACERCARSE A LA ISLA?

Lo más habitual es visitar Islandia cuando las temperaturas se acercan a los 20 grados positivos y se disfruta del mágico “sol de medianoche” (visible desde junio hasta mediados de agosto). No obstante, tal vez sea solo tras ese corto estío que concentra la mayor parte de los dos millones de turistas que ya visitan cada año la isla, cuando pueden contemplarse el paisaje islandés con mejor perspectiva y colores más que singulares. También es en esta época, con la llegada de las primeras nevadas y las largas noches que anuncian el invierno, cuando es posible admirar con más probabilidad el espectáculo celestial de las auroras boreales. Otoño tampoco es mala época para acercarse a Islandia.

Aunque en invierno, es cuando Islandia se convierte en toda una tentación. Es el momento cumbre del paisaje islandés. Y afortunadamente durante muchos días de los meses de enero, febrero y marzo hoy es posible incluso rodear la isla, siempre que no nos escapemos de la Ring Road. La isla emerge como un fabuloso balcón al invierno. Un paraíso blanco. Un Edén en tiempos de frío. Viajar en esta época a Islandia puede convertirse en un excelente Diario de invierno que titulara en una ocasión el gran escritor norteamericano Paul Auster.

¿Y en dónde parar a comer? En todos los pueblos pesqueros que rodean la isla hay buenos locales donde degustar la gastronomía tradicional islandesa centrada, especialmente, en el pescado fresco y el cordero. Además, en la capital, Reykiavik, se encuentran numerosos restaurantes de cocina internacional, que a precios algo más caros, permiten degustar frutas y verduras no habituales en estas latitudes. No obstante, hay que confesar que fuera de la capital la hostelería es muy limitada, y los parámetros de calidad quizás no son equiparables a algunos lugares de Europa.

Y si quieren redondear aún más su visita a esta isla no duden en leer, mientras tanto, un buen libro sobre Islandia. Por ejemplo alguna de las novelas negras de Arnaldur Indridason, con las aventuras del comisario Erlendur Sveinsson (publicadas en RBA). No encontraran muchas citas de restaurantes y locales que visitar (como en cambio cuentan sus colegas Pepe Carvalho, Montalbano, Kostas Jaritos, Fabio Montale…  por aquello de lo que nos pierde en el Mediterráneo)  pero sí numerosas referencias a la cultura isleña. Sin duda: Islandia, una tierra de fábulas.

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