Auroras boreales

TAN CAPRICHOSAS

Caprichosas, arbitrarias, superficiales, intensas, irregulares, veleidosas, antojadizas, extrañas, fantásticas… Las auroras boreales son así de extravagantes y extrañas.

No siempre aparecen cuando se las espera, y de repente en el momento más inoportuno encienden la noche con su trazo verde, blanquecino, violáceo… Son un resplandor en medio de la larga e intensa oscuridad causado por las leyes físicas, el viento solar y el campo magnético de la Tierra.

Deslumbran, gracias a la oscuridad ambiental, durante el largo invierno septentrional en las las latitudes más cercanas al Polo Norte. También se las puede ver durante el invierno austral cerca del Polo Sur (llamadas entonces auroras australes).

Se las puede disfrutar en Laponia, junto al cabo Norte en Noruega, en las islas Svarbald y en la Siberia más septentrional. A la vez, en la isla de Islandia, y el sur de Patagonia, aunque dicen los expertos que las mejores se las ve en Alaska y Canadá, el sur de Tasmania y Nueva Zelanda y algún punto de la Antártida.

Las auroras tienen formas y colores muy diversos, que además cambian rápidamente con el tiempo. Pueden empezar como un trazo en medio de la bóveda celestial, y devenir en un arco alargado que se pierde por el horizonte. Pueden formar ondas, rizos y hasta parecer juguetonas trazas de varios colores que desaparecen luego como por arte de magia.

Dicen, los que saben, que las auroras  más activas y brillantes ocurren en torno a  la medianoche,  de  modo  que las mejores horas para observarlas se sitúan entre las 23:00 y las 2:00 de madrugada. Aunque tampoco tiene que ser así.

Más que invierno, estrictamente, a las auroras les gusta más el otoño o la primavera debido a que las temperaturas ya no son tan bajas.  En cualquier caso, en la mitad del crudo enero se han visto algunas de las más extraordinarias. Lo dicho… son caprichosas, arbitrarias, irregulares, veleidosas, antojadizas, extrañas, pero terriblemente fantásticas. Su visionado justifican por si solo un viaje a las puertas del Polo. Su recuerdo no se olvida jamás. !Qué noche la de aquel día!

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