No es fácil mirar frente a frente a un elefante, y menos atreverse a fotografiarlo a una corta distancia. Hay que estudiarlo con paciencia, observar como el elefante nos inspecciona. Hay que conocerse poco a poco como en el principio de aquella buena amistad. Y, desde luego, nunca acercarse en demasía si va acompañado de su propia cría, y el animal concibe que puede haber algún peligro. Es cuando los elefantes están más sensibles… !vaya, quien no lo estaría!

Son las experiencias que uno aprende en un buen safari fotográfico, por ejemplo en el delta del Okavango, uno de los pocos lugares del Planeta donde el paquidermo es el auténtico rey del lugar.

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