Cruzando el desierto más antiguo del mundo

abril 10, 2015.root.10 Likes.0 Comments

A medida que uno se acerca al Atlántico, los mares de dunas que van surgiendo a nuestro paso se funden con el pedregal del desierto más antiguo del mundo. África se manifiesta ruda y desapacible, áspera y seca tras abandonar Whindhoek, la capital de Namibia. Eso sí, sin perder nunca la magia y el misterio que tanto la caracteriza.

Namibia es un país del sur de África muy joven que es independiente desde finales del siglo XX. Pocos años de vida que contrastan con la eficacia y organización que imprimieron allí los primeros colonos alemanes, y que pervive en su adn. Por ello, alojamientos y demás servicios turísticos gozan, en general, de buen nivel, y es relativamente fácil moverse a lo largo y ancho de esta geografía.

La maldición del Trópico de Capricornio

Tras abandonar el altiplano de Whindoek, y acercarnos paulatinamente al desierto, se ven vagar libremente pequeñas manadas de antílopes, oryx y cebras. Un hábitat donde crece también una peculiar planta, de las más antiguas que pueblan nuestro Planeta, la welwitschia.  Más parecida a un fósil que a una especie del reino vegetal, sus pocas hojas crecen consumidas y resecas a ras del suelo. Y a pesar de que su aspecto no lo revele, algunos de sus ejemplares pueden llegar a disfrutar de casi dos mil años de larga vida. Tal es su fama por estos lares que incluso sirve de sobrenombre al equipo de rugby de Namibia.

Cuando por fin llegamos a nuestro destino, la Kulala Wilderness Reserve en Sossusvlei, a unas cinco horas y cuatrocientos kilómetros de la capital, la sensación de encontrarse en un inmenso arenal es casi ya completa. El paisaje de dunas ya lo invade completamente todo, y algunas de ellas llegan, incluso, a alcanzar los cuatrocientos metros de altura. Si ascendemos a la más alta de todas ellas –conocida como la Duna 45- en su cima descubriremos que estamos rodeados únicamente de decenas y decenas de kilómetros de vacío, soledad y arena.

Desde allí, en lo alto de la duna 45, uno comprende mejor los secretos del Planeta que nos cobija. Resulta que gran parte de las tierras atravesadas por el paralelo 23 Sur, o Trópico de Capricornio, están afectadas por corrientes de aire seco (frío o caliente) que llevan consigo pocas nubes de lluvia. Por eso en torno a esta línea imaginaria del Globo, a mitad de camino del Polo Sur y el Ecuador, se extienden grandes páramos baldíos, extensiones de tierra yerma y despoblada  como el desierto de Australia; el de Atacama en Chile; el de Patagonia en Argentina; los del Kalahari y el Namib en África. Lo mismo sucede en el Paralelo 23 Norte o Trópico de Cáncer donde los desiertos de Arabia, Turquestán y el Gobi en Asia, el de la Guajira en Venezuela o el mismísimo Sáhara en África responden a la misma lógica.

La noche más clara

El cielo limpio y estrellado es otra de las consecuencias de esta acusada ausencia de humedad, del desierto del Namib. Las puestas de sol son de babero. La limpidez del horizonte, pasmosa. El día dice adiós, mientras una andanada de viento esculpe pequeñas olas de polvo y arenilla, y la tierra va cambiando el color de su faz: del naranja vivo de la tarde al rojo despedida de los últimos rayos solares. Del ocre de los últimos reflejos, al oscuro de las tinieblas.

Si se alza la vista a la bóveda celestial, la visibilidad de la noche es casi absoluta, incluso sin luna llena. La luminosidad de las estrellas lo inunda todo. En pocos lugares del Planeta es posible retratar la noche de una manera tan nítida e incandescente, tan poética y calma.

Un mundo único y excepcional que puede disfrutarse desde el exótico Little Kulala Camp con sus habitaciones acristaladas, donde soñar de este entorno. Un campamento de donde parten excursiones en globo o en avioneta para poder contemplar, desde otra perspectiva, la inmensidad de esta tierra de África azotada por el sol del Trópico de Capricornio y la corriente fría de Benguela, que recorre la costa atlántica, y que apenas trae lluvias a tierra firme. Como en el escarmiento de Prometeo, esta tierra anda eternamente castigada a la escasez de agua. Por ello, quizás, es el desierto más antiguo del mundo.

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